Articoli

Aventuras en El Nuevo Mundo

Donde la tradición de un pasado glorioso se convierte en peso, se conserva; donde está ausente, se osa. Y el sueño se vuelve legítimo.

Roberto Cipresso
16 Enero 2026
2 min de lectura
#Roberto Cipresso #filosofía del vino #vinos del Nuevo Mundo #Malbec Alteza #Matervini #Champagne Nicolas Maillart #viticultura de lujo #enología creativa #cata de vinos Montalcino #cultura del vino
El vino y el sueño. Dos palabras que parecen lejanas y, sin embargo, se rozan como la vid y el viento. En el vino, soñar significa imaginar antes de la vendimia, dejar que la visión guíe la mano y no el cálculo. Pero a menudo esto no es posible: muchos productores, prisioneros de un pasado glorioso, tienen las manos atadas. Su historia, aunque noble, se ha convertido en una jaula. Cada cosecha debe repetirse a sí misma, cada botella debe tranquilizar a quien la descorcha, devolviéndole la misma emoción, el mismo perfil, la misma previsible perfección. El consumidor apasionado, en busca de certezas, exige reconocimiento: quiere encontrar en esa copa su propia zona de confort. Y así el viticultor, en lugar de esperar la vendimia como un acto creativo, vive cada temporada como una tarea que repetir. Sin vértigo, sin sueño.
Sin embargo, en otros lugares, donde la historia no pesa y las tradiciones no sofocan, el sueño vuelve a respirar. En el llamado Nuevo Mundo, el vino sigue siendo una aventura: quien vinifica allí no debe rendir cuentas a un linaje, sino solo a su propio valor. Es libre de perseguir una intuición, de cambiar de dirección, de inventar. Donde no hay historia, el sueño se vuelve posible y legítimo.

Quizás esta sea la verdadera diferencia: donde la tradición es peso, se conserva; donde es ausencia, se osa. Pero sin sueño, el vino pierde su alma: queda solo como una repetición bien hecha, una fotografía sin movimiento. Soñar el vino significa aceptar lo impredecible, reconocer a la naturaleza como cómplice y dejar que cada vendimia sea un acto creativo. Quizás el vino más auténtico no es el que tranquiliza, sino el que sorprende. Quizás el futuro del vino se jugará precisamente allí, en el valor de volver a soñar.

LAS BOTELLAS

Un Champagne que relata reglas centenarias y un Malbec que habla de valles y tierras lejanas.

El vino de la tradición y de las reglas es, sin duda, el champagne y, entre los imperdibles, está el de Nicolas Maillart, el Blanc de Noirs Grand Cru Jolivettes: tenso, elegante, complejo y extraordinariamente denso y largo. El vino del sueño es, en cambio, argentino, de la bodega Matervini: el Malbec Alteza, un vino con una fruta increíble, pero sobre todo con un llamado a un territorio extraordinario. Es potente y fino, rico, pero fresco. De una trama emocionante.

- Gianfranco Cipresso

Roberto Cipresso

Roberto Cipresso

Consulente Enologico e Autore. Experto en terroir y viticultura

Buscar en el Blog

Artículos Recientes

Categorías

Etiquetas Populares

Artículos Relacionados

Continúa leyendo con otros artículos que podrían interesarte

Utilizamos cookies para mejorar su experiencia de navegación y proporcionar contenido personalizado. Al continuar usando nuestro sitio web, acepta nuestro uso de cookies. Saber más